Las mineras ya no tienen excusas para la biorremediación de la contaminación por cianuro.

Uno de los peores y más tóxicos contaminantes de la minería es el cianuro (CN).

En la Argentina la actividad minera ha sido criticada y resistida por la contaminación del medio ambiente y sus consecuencias sobre los ríos y las fuentes de agua naturales.

Sin embargo los microoganismos dan una solución natural para decontaminar los residuos de la actividad minera, siempre y cuando las empresas estén dispuestas a invertir en métodos y procesos que asegurarían que el cianuro y los nitratos no perjudiquen un recurso tan vital como el agua.

Biorremediación

Se define como biorremediación a cualquier proceso que utilice microorganismos, hongos, plantas o las enzimas derivadas de ellos para retornar un medio ambiente alterado por contaminantes a su condición natural.

La biorremediación puede ser empleada para atacar contaminantes específicos del suelo, por ejemplo en la degradación bacteriana de compuestos organoclorados o de hidrocarburos.

Un ejemplo de un tratamiento más generalizado es el de la limpieza de derrames de petróleo por medio de la adición de fertilizantes con nitratos o sulfatos para estimular la reproducción de bacterias nativas o exógenas (introducidas) y de esta forma facilitar la descomposición del petróleo crudo.

Bacterias que se comen el cianuro

Si algo ha caracterizado a la economía Andaluza en España durante siglos ha sido la actividad joyera. Pequeños negocios han desarrollado un arte que conllevaba un peligroso residuo: el cianuro. Tradicionalmente, este material era desechado sin control. Y este veneno terminaba depositándose en el Río Guadalquivir.

Pero, increíblemente, lo que supondría la muerte para la mayoría de los organismos vivos, se convirtió en el alimento para unas bacterias (Pseudomonas pseudoalcaligenes), autóctonas del principal río andaluz.

Estos microorganismos han sido descubiertos por científicos de la Universidad de Córdoba (UCO), que están investigándolos para usarlos como limpiadoras naturales de cianuro, un residuo habitual en la minería e industria metalúrgicas. Los resultados de las investigaciones se presentaron en la última edición del congreso de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, celebrado en septiembre en Córdoba España.

“La normativa, lógicamente, impide arrojar materiales como el cianuro de manera incontrolada. Pero tratar esos residuos de manera físico-química es muy costoso. Y, además, genera a su vez productos tóxicos”, explica el catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Córdoba Conrado Moreno. Los científicos investigaron maneras de tratar el indeseable derivado de la joyería sin contaminar todavía más el ambiente.

Cuando a los investigadores de la UCO se les planteó el problema, volvieron la vista al Río Guadalquivir. Recogieron muestras del lodo y analizaron el agua. “Aislamos una bacteria del lodo de río, que seguramente está justo allí porque se ha vertido cianuro desde hace mucho tiempo”, señala Moreno. Tanto, que la bacteria ha terminado convirtiendo al letal elemento en el plato principal de su dieta.

“El cianuro es una sustancia muy tóxica que inhibe la respiración de los organismos. Pero hay organismos como esta bacteria que se comen el cianuro como si fuese chocolate“, cuenta el catedrático.

El bicho despertó el interés de los científicos por las aplicaciones que se podían encontrar a su actividad digestiva. “Desde un punto de vista industrial, esta bacteria puede ser usada en reactores de limpieza de residuos industriales. De hecho, ya lo estamos abordando en colaboración con algunas empresas, como Saveco y Avenir (empresas que gestionan los residuos de la industria joyera de Córdoba)”.

Pero sus estudios, todavía depararon más sorpresas. Los investigadores se preguntaron por qué la bacteria era capaz no sólo de soportar el cianuro, sino de convertirlo en su alimento. En colaboración con el grupo del doctor Rafael Blasco en la Universidad de Extremadura, se ha estudiado el sistema de respiración alternativa que usaba la bacteria (ya que uno ordinario quedaría anulado por el cianuro).

Los trabajos descubrieron, además, que la bacteria vive en ambientes alcalinos, a un pH muy alto (superior a 9,5). “Pero es lo que se necesita, porque con una acidez menor, el cianuro se vuelve gaseoso y pasa a la atmósfera, cosa que no nos interesa, porque no se elimina“, subraya el profesor Moreno.

Lo más curioso es que, sometido a ese nivel de estrés ambiental, la bacteria tiende a acumular un polímero. “Se trata de bioplásticos. Es decir, de comerse el cianuro, la biomasa resultante, que se produce como crecimiento bacteriano, nos puede servir para obtener un producto añadido de gran interés económico: plásticos biodegradables”, termina el catedrático.

FUENTE:

http://elpais.com/diario/2010/10/12/andalucia/1286835733_850215.html

http://www.economiaandaluza.es/sites/default/files/cap292.pdf

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