La vida como misterio

misterio-vidaNuestra cultura occidental nos indica que a cada causa corresponde un efecto. No sólo eso, también creemos que podemos conocer todas las causas que producen un determinado efecto.

Así cuando algo sale mal, saber porque sucedió de esa forma, requiere investigar las causas para determinar cual de ellas fue la determinante del resultado.

Este punto de vista tiene implicancias muy importantes cuando se pierde un hijo, todos creemos que de haberse modificado algo en la cadena de causas y efectos, el resultado sería nuestro hijo vivo. Este indagar nos lleva a encontrar el culpable del desastre. Podemos ser nosotros mismos, el medico, un conductor, alguien que nos recomendó algo. Estamos con algo sin resolver si no encontramos el culpable del suceso.

Nuestra mente en la vida cotidiana simplifica, reduce, filtra. Para los hechos de rutina, funciona muy bien y eventualmente equivocarnos en la causa que motiva que nos quedemos sin poder tomar el colectivo, no tiene mucha importancia tampoco.

Ubicarnos mentalmente de esta forma, creer que es posible establecer las causas que motivan cualquier hecho, es el paradigma de este siglo. Es más, lo que no puede hoy explicarse, mañana será explicado, la ciencia habrá de poner luz donde hay oscuridad. Proponernos es poder. Cuando así pensamos y ese pensamiento nos orienta casi permanentemente, en algún momento diremos que nos “merecemos “, o “tenemos derecho” , o nos “corresponde” tal o cual bien, sea material o afectivo. Si hacemos todo lo que “debe” hacerse, el resultado será el esperado.

Cuando murió mi hija lo primero que me pregunté, fue ¿Qué hice yo para merecerme esto?, eso fue lo primero, después vendría una interminable lista de preguntas, todas ellas comenzadas con la palabra porque. ¿Por qué mi hija? ¿Por qué ahora? ¿Por qué así? Son preguntas que aunque no lo reconozcamos conscientemente, inquieren sobre la causa que produjo el hecho que nos duele tanto. Como si eso pudiera cambiar lo que ya no puede modificarse de forma alguna. Quizás nos anime la esperanza de aprender para que no se repita nuevamente.

Hay un punto de vista alternativo, que nos colocan en otro lugar. Quisiera intentar explicarlo.

La vida y la muerte son un misterio, no admiten explicaciones y las razones por las cuales somos mortales nos están vedadas. Cada uno tiene un tiempo para nacer, para vivir, para morir. Algunos sólo días u horas, otros hasta casi un siglo. ¿Es justo que sea así? ¿Porque algunos tan poco y otros tanto? Si muchos hacen los mismos esfuerzos, para progresar, para encontrar una compañera o compañero de vida, para ser felices ¿Por qué los resultados son tan dispares? Pareciera que la lógica humana funciona a escala de lo cotidiano, de las explicaciones que la ciencia da sobre cómo funcionan las cosas pero cuando queremos pasar a la escala de lo existencial todo parece caprichoso.

No basta seguir una determinada secuencia para que la vida nos conceda lo que pedimos o buscamos. Puede bastar para una receta de cocina o la fabricación en serie de artículos electrónicos. Ser buen padre, una persona honesta, compasiva y solidaria no alcanza para asegurar la vida de nuestros hijos. Cuidarlos, educarlos, estar atentos a lo que les pasa, tampoco es suficiente, todo eso es necesario. ¿De dónde sale el plus que convierte nuestros esfuerzos en suficientes? ¿Qué plus nos faltó a los que perdimos hijos, para poder conservarlos? Esas preguntas nacidas desde la convicción que todo puede saberse, son preguntas erróneas si entendemos que la vida y la muerte son un misterio, si aceptamos que la respuesta correcta para esas cosas es “No sé”. Ese no sé, es no sé ahora ni sabré nunca, es una barrera infranqueable para mi condición humana. Esto que parece fácil de enunciar, no es nada fácil de comprender y hacerlo directriz de nuestro pensamientos y acciones, requiere de una aceptación incondicional de la vida como es, sin protestar por lo que nos parezca injusto.

En la vida común de las personas, los hecho son buenos o malos, justos o injustos, dolorosos o felices, categorías que determinamos conforme nos gusten, nos plazca, o concuerden son nuestros valores. Nunca sabremos a priori si lo que llamamos buena suerte lo es o no, la vida tiene su propio devenir y somos ciegos para saber adonde va, conforme el camino que toma.

Cuenta una historia que el cacique de una tribu escoge un guerrero para que lo proteja en su viaje a través de la selva. Iban conversando cuando un león ataca al cacique y le come dos dedos de la mano, este, enojado con el guerrero por no protegerlo como debía, lo arroja a una profunda trampa cavada en el suelo como castigo. Sigue solo su viaje cuando es presa de unos caníbales que deciden comerlo. Cuando se dan cuenta que le faltaban dos dedos lo liberan porque su religión les impedía comer presas incompletas. El cacique vuelve contento a buscar al guerrero, y le dice: -Que suerte que me ataco el león, sino me comían los caníbales, a lo que el guerrero contesta: – Que suerte que me arrojaste a la fosa, sino me comían a mi. ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Quién sabe.

Cuando miramos desde el lado del misterio, cuando aceptamos que no sabemos, cada hecho es un desafío, una encrucijada a resolver, una oportunidad para la búsqueda de sentido, todo queda inscripto en un marco que nos excede por completo. Ahí, en el no sé, en el misterio, no hay engaño, ni despojo, ni fraude, ni injusticia, todo eso que agregamos al dolor de la ausencia de los que amamos. Habrá dolor, pero no hay ira ni reclamos. La muerte no es injusta ni prematura, se inscribe en lo que no podemos desentrañar.

Cuando participamos de la vida como misterio, no reclamamos tanto y agradecemos mas, el inventario de las gracias concedidas se agranda, porque no nos merecemos, se nos da. Y el inventario de lo que consideramos que perdimos es menos gravoso cuando aprendemos a agradecer por haberlo tenido, todo es un regalo, ya no hay mas me merezco, tengo derecho, me corresponde. Simplemente nacemos con nada y nada nos llevamos, todo lo que se nos concede en el camino es un obsequio.

Cambiarse de lugar para mirar lo que nos pasa es difícil, pero no es imposible. También es indispensable, para que vida siga teniendo sentido, para nuestra salud mental y espiritual. En estos casos, hay que vaciar la taza, como en la historia donde un hombre acude a un sabio para pedirle sus enseñanzas, este le propone tomar un té antes de hablar, y cuando comienza a servirlo, no se detiene ante la taza llena de su invitado lo que hace que se desborde. El visitante le dice al maestro que se detenga, la taza esta llena, no cabe más té. Este le contesta, así debes vaciarte si quieres recibir mis enseñanzas, no hay lugar si no dejas lo que sabes.

Hay que revisar con cuidado lo que pensamos, creemos, damos por verdadero, todo es enseñado, y algunas cosas simplemente son estorbos, no sirven. Hay que dejarlas a un costado si queremos aprender algunas nuevas que nos permitan recuperar la vida plena.

Reconocer que no se sabe, bañarnos de humildad para poder aceptarlo, es el principio de una vida nueva y mejor que debemos a nuestros hijos que se fueron antes que nosotros. Quizás vinieron para eso, para regalarnos una nueva visión de la vida y una nueva forma de vivir y sentir. Sin ellos, eso no hubiera sido posible.

José Divizia

FUENTE: https://boletinesrenacer.wordpress.com/2012/04/09/la-vida-como-misterio-implicancias-jose-divizia/

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