La justicia europea falla contra Uber: es una empresa de transportes como cualquiera.

Según el fallo debe estar sometida a los requisitos y exigencias de cualquier compañía de taxis y queda excluido del ámbito de aplicación de la libre prestación de servicios. Este fallo debería servir de ejemplo para la  justicia en Argentina.

Luxemburgo – Ni mediadora, ni prestadora de servicios ni un caso nuevo de la economía colaborativa: Uber es una empresa de transportes y como tal debe estar sometida a los mismos requisitos y exigencias, incluyendo licencias, que cualquier compañía de taxis. Así lo cree el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y así lo ha explicado hoy en una sentencia que puede cambiar el sector del transporte en la próxima década.

En su fallo, los magistrados explican que “que ha de considerarse que un servicio de intermediación como el controvertido, que tiene por objeto poner en contacto, mediante una aplicación para teléfonos inteligentes, a cambio de una remuneración, a conductores no profesionales que utilizan su propio vehículo con personas que desean efectuar un desplazamiento urbano,está indisociablemente vinculado a un servicio de transporte, y, por lo tanto, ha de calificarse de «servicio en el ámbito de los transportes», a efectos del Derecho de la Unión

“En consecuencia, un servicio de esta índole está excluido del ámbito de aplicación de la libre prestación de servicios en general, así como del ámbito de aplicación de la Directiva relativa a los servicios en el mercado interior y del de la Directiva sobre el comercio electrónico.

De ello se desprende que, en el estado actual del Derecho de la Unión, incumbe a los Estados miembros regular las condiciones de prestación de estos servicios, siempre que se respeten las normas generales del Tratado de Funcionamiento de la Unión”

El caso se remonta a 2014, cuando la Asociación Profesional Élite Taxi demandó en Barcelona a la norteamericana asegurando que su “falta de licencias, autorizaciones y credenciales” vulneraba las normas reguladoras de la competencia en España. El juzgado de lo Mercantil número 3 de Barcelona preguntó al Tribunal de Justicia de la UE una serie de cuestiones, y entre ella la de ¿qué es exactamente Uber?

Los denunciantes aseguraban que Uber es, con toda evidencia, una empresa de transportes y por tanto las mismas normas que se les piden a ellos deberían ser aplicadas. La compañía, en cambio, se definía como simple intermediaria, una plataforma que pone en contacto a conductores y clientes pero que no tiene en propiedad ni una flota de coches ni en plantilla a los chóferes.

Pintaba mal para Uber desde mayo, cuando el abogado general de la UE, en sus conclusiones escritas, recomendaba al Tribunal que hiciera exactamente lo que ha hecho ahora. La Comisión Europea, responsable de proponer la legislación, estimaba que “los servicios de Uber en España no constituyen únicamente un servicio de la sociedad de la información”. Y el propio abogado, en función de lo escuchado a las partes, afirmó categóricamente que la actividad de la empresa “no está regulada por el principio de libre prestación de servicios en el marco de los servicios de la sociedad de la información” y por tanto, “está sometida a las condiciones exigidas a los transportistas no residentes para poder prestar servicios de transportes en un Estado miembro (en este caso, disponer de las licencias y autorizaciones previstas por el Reglamento Metropolitano del Taxi de Barcelona”.

Hoy la sentencia viene a recoger precisamente esos argumentos. Luxemburgo señala que “para empezar, que el servicio prestado por Uber no se limita a un servicio de intermediación consistente en poner en contacto, mediante una aplicación para teléfonos inteligentes, a un conductor no profesional que utiliza su propio vehículo con una persona que desea realizar un desplazamiento urbano”.

¿Por qué no? Según en análisis, porque prestador de ese servicio de intermediación “crea al mismo tiempo una oferta de servicios de transporte urbano, que hace accesible concretamente mediante herramientas informáticas y cuyo funcionamiento general organiza en favor de las personas que deseen recurrir a esta oferta para realizar un desplazamiento urbano”. El Tribunal de Justicia señala a este respecto que la aplicación que proporciona Uber es “indispensable tanto para los conductores como para las personas que desean realizar un desplazamiento urbano“, porque sin ellos no existiría el servicio.

Por si fuera poco, la sentencia “pone de manifiesto que Uber ejerce una influencia decisiva sobre las condiciones de las prestaciones efectuadas por estos conductores“. Lo que abre la puerta a decisiones posteriores sobre sus condiciones laborales.

Por consiguiente, el Tribunal de Justicia “estima que debe considerarse que este servicio de intermediación forma parte integrante de un servicio global cuyo elemento principal es un servicio de transporte y, por lo tanto, que no responde a la calificación de ‘servicio de la sociedad de la información’, sino a la de ‘servicio en el ámbito de los transportes”.

Una victoria clara y una reivindicación satisfecha para el sector del taxi que puede hacer repensar a la norteamericana su modelo de negocio en algunos países. Con licencia obligatoria.En otros, donde ya se pasó del servicio Uber Pop al Uber X, con profesionales, permisos (y más caro), la transición ya estaba hecha en parte.

“Esta decisión no cambia nada en la operativa de Uber en la mayoría de los países de la UE. Sin embargo, todavía hay millones de europeos que no pueden usar apps como la nuestra. Como dijo recientemente nuestro nuevo CEO, conviene regular servicios como Uber y por ello continuaremos el diálogo con países y ciudades en toda Europa”, ha asegurado un portavoz esta mañana.

Pero los efectos van más allá. La UE no tiene competencias en asuntos de transporte, son de ámbito nacional, y corresponder a las autoridades de cada país fijar requisitos propios. En lo que afecta a la licencia, pero también a todas las condiciones del servicio.

Y se abren también debates interesantes en el marco de la economía digital y colaborativa. Si Uber, que hace de intermediaria, es una empresa de transportes, ¿Se puede considerar a Booking o Trivago como empresas hosteleras? ¿O AirBnb? ¿Son Edreams o Expedia o Despegar.com compañías aéreas porque buscan billetes de avión? La respuesta en esos casos parece menos clara, pero una vez que se abre la caja es difícil cerrarla.

FUENTE: http://www.elmundo.es/economia/empresas/2017/12/20/5a3a22b0e2704e74278b45d2.html

 

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